Y un ateo que promueve el
ateísmo está igual de equivocado que un fanático religioso. Que no les cabe en
la cabeza a ninguno de los dos que se trata de libertad y, sobre todo, de
respeto a lo que cada quien piensa y cree. No se le puede imponer nada nunca a
nadie. Son sólo tres palabras, nada, nunca, nadie. Cómo puede ser tan difícil
de entender.

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