No voy a decir nada
en contra de este inspector porque probablemente él sólo cumplía con su
trabajo, el espantoso trabajo que el gobierno le ha encomendado, el de ejecutar
las injusticias que ellos creen necesarias. Lo que
sí voy a decir es que este tipo de atropello sucede todo el tiempo, pero
lamentablemente no siempre hay una cámara oportuna y un ciudadano valiente que
lo fotografíe. Todos los días, en muchas calles del centro de la ciudad, hay
indígenas y todo tipo de comerciantes ambulantes que sufren de abusos; abusos
legales, claro. Porque las autoridades creen que si no vemos la pobreza, pues
la pobreza no existe. Y así es como ayudan, haciendo correr a los señores que
venden borrachitos y a las señoras que venden papas, lo cual es una tragedia
detestable que sólo una mente retorcida y vulgar puede encontrar graciosa,
porque esas señoras que venden papas es lo único que saben hacer. Los
gobernantes (y también muchas personas que viven en una burbuja) pretenden que
la ciudad se vea limpia, ordenada, de primer mundo; pero ahí les va señores:
México no es así, México está feo y jodido, no pretendan que las calles del
centro histórico resplandezcan como las de Praga o París porque aquí en México
la realidad es otra. Y si el gobierno no quiere que haya vendedores ambulantes,
tienen que atender el problema desde otro lado; si es que algún día son capaces
de separar, por principio de cuentas, a los que venden por necesidad de los que
venden por joder, a los que venden por ayudarse de los que venden por
explotación. Y si no quieren ver niños indígenas vendiendo en las calles, es
obvio que necesitan atender la situación económica de las familias indígenas.
Bueno, es obvio para uno que no duerme saboreando en sueños los miles de pesos
que les van a pagar cada mes y los millones extra que se pueden ganar si se
ponen abusados y sólo limpian por encimita sin hacer enfadar a nadie con poder.

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