Esa misma tarde decidí
terminar con mi pasado, aunque claro, en ese tiempo era muy joven y no sabía
que eso no era posible. Pero mi decisión era firme, porque su mano se aferraba
a la mía con tal fuerza que me hacía sentir seguro de que nada que hubiera en
el pasado podría hacerme daño otra vez, que podía olvidar todo. Y como para mi
olvidar era muy difícil, decidí acabar con todo lo que me hacía recordar:
cartas, fotos, regalos, todo hecho pedazos cupo dentro de una caja que fue a
dar al fondo de la barranca de Huentitán. Él era tan fuerte y seguro que nunca
me habría pedido que hiciera semejante estupidez, y no lo hizo, la decisión fue
mía y nada más, pero también era un hombre muy sabio (de esos que siempre
supieron todo sin haberlo estudiado ni meditado) y sabía que yo tenía que hacer
lo que sentía, tenía que cometer errores, y él sólo podría atestiguar sin poder
evitarlo. Así de fuerte y seguro era, y así de imbécil era yo; pero a su lado
me sentía igual de fuerte y seguro que él. Lamentablemente un día tuvo que
irse, pero sus recuerdos siguen aquí, esos nunca se irán. Aquí se quedan,
porque esos no me causan ni me causaron nunca ningún daño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario